Acción de gracias para el final de la cuaresma

Foto por James Coleman, Unsplash.
Foto por James Coleman, Unsplash.

La siguiente liturgia debe usarse al final de la cuaresma, esto es, para el Domingo de Ramos, o al principio de la Semana Santa (antes de la tarde del jueves), o el primer domingo de abril del 2020.

El pastor o la pastora se coloca detrás de la mesa del Señor.

Que el Señor esté con ustedes.

Y también contigo.

Levanten su corazón (el pastor puede levantar sus manos aquí)

Lo levantamos hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo dar gracias y alabanza a Dios.

Es justo, bueno y alegre
darte gracias siempre y en todo lugar,
Padre Todopoderoso (o: Dios Todopoderoso), creador del cielo y de la tierra.
En amor nos creaste para ti mismo;
y cuando caímos en pecado quedando dominados por el mal y la muerte,
tu amor permaneció firme.
Pides a tu pueblo fiel que limpiemos nuestros corazones
y que nos preparemos con gozo para la fiesta del Día de Resurrección,
a fin de que, renovados por tu Palabra y Sacramentos
y fervientes en oración y obras de justicia y misericordia,
lleguemos a la plenitud de la gracia
que tú has preparado para quienes te aman.
Así que, con tu pueblo aquí en la tierra y con toda la compañía del cielo,
alabamos tu nombre y nos unimos al himno eterno:

El/la pastor/a baja sus manos.

Santo, santo, santo, Dios Omnipotente
el cielo y la tierra están llenos de tu gloria. Hosanna en las alturas.
Bendito es el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en las alturas.

El/la pastor/a levanta las manos.

Tú eres santo, y bendito es tu Hijo Jesucristo,
a quien enviaste en la plenitud del tiempo para redimir al mundo.
Se despojó de sí mismo, tomando forma de siervo,
haciéndose semejante a los seres humanos.
Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte,
una muerte en la cruz.
Cargó él mismo con nuestro pecado y muerte, y se ofreció
como sacrificio perfecto por el pecado de todo el mundo.

Por el bautismo de su sufrimiento, muerte y resurrección
diste a luz a tu iglesia,
nos liberaste de la esclavitud del pecado y de la muerte,
e hiciste un nuevo pacto de agua y Espíritu con nosotros.

El/la pastor/a puede colocar sus manos sobre el pan, tocar el pan o levantarlo.

En la noche que se dio a sí mismo por nosotros, tomó pan,
dio gracias, lo partió y lo dio a los discípulos, diciendo:
“Tomen, coman, este es mi cuerpo que por ustedes es entregado.
Hagan esto en memoria de mí”.

El/a pastor/a puede colocar sus manos sobre la copa, tocar la copa o levantarla.

Al terminar la cena, tomó la copa,
y dio gracias, y la dio a sus discípulos, diciendo:
“Beban de la copa, que es mi sangre del nuevo pacto,
derramada por ustedes y por muchos para perdón de pecados.
Hagan esto con la misma frecuencia que la beban, en memoria de mí”.

El/lLa pastor/a puede levantar sus manos.

De modo que, en memoria de estos tus poderosos hechos en Jesucristo,
nos ofrecemos en adoración y acción de gracias
como sacrificio vivo y santo, en unión a la ofrenda de Cristo por nosotros,
al proclamar el misterio de la fe.

Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volverá otra vez.

El/la pastor/a puede colocar sus manos sobre el pan y la copa.

Derrama tu Santo Espíritu sobre nosotros reunidos aquí,
y sobre estos dones de pan y vino.
Que para nosotros sean el cuerpo y sangre de Cristo,
para que seamos para el mundo el cuerpo de Cristo, redimidos por su sangre.

El/la pastor/a puede levantar sus manos.

Que tu Espíritu nos haga uno con Cristo y unos con otros,
y que seamos uno en el ministerio para todo el mundo,
hasta que Cristo venga en la victoria final, y participemos en el banque celestial.
Por medio de tu Hijo Jesucristo, con el Espíritu Santo en tu santa iglesia,
todo honor y gloria son tuyos, Padre (o Dios) Todopoderoso, ahora y por siempre. Amén.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés por la Junta General de Ministerios de Discipulado. Traducción por Humberto Casanova. Contacto: [email protected].