Epifanía

El bautismo del Señor

13Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, a Juan, para ser bautizado por él. 14Pero Juan procuraba impedírselo diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15Pero Jesús le respondió: Permítelo por ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces se lo permitió. 16Y cuando Jesús fue bautizado, en seguida subió del agua, y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él. 17Y he aquí, una voz de los cielos decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:13-17, RVA-2015)

Si uno lee la Biblia, a veces uno tiene la impresión de que hay dos corrientes que compiten una con la otra cuando se trata de la salvación. Una corriente presenta la idea de que nuestras acciones son importantes para nuestra salvación. Por ejemplo, en Mateo 25 se dice la gente será juzgada (castigada o recompensada) según lo que hayan hecho, especialmente si cuidaron de los más indefensos, perdidos y marginados. Por otro lado, uno encuentra ejemplos que enfatizan que es nuestra fe en Cristo y sólo la fe lo que nos da la salvación. ¿Qué necesitamos para ser salvos?

Juan Wesley diría que ambas cosas son necesarias. En su ministerio puso mucho énfasis en la piedad personal y la santidad social. Nuestra fe en Cristo es importante, pero las Escrituras afirman que la fe sin obras está muerta. Necesitamos poner nuestra fe en Cristo para ser salvos pero también necesitamos vivir nuestra fe.

La forma en que entendemos el bautismo viene grandemente influenciada por la comprensión más amplia que tengamos de la salvación. Si la salvación sólo se basa en la confesión  de nuestros pecados y nuestra fe en Cristo para recibir la gracia, entonces el bautismo en un signo de aquel momento único en el que somos salvos. Los metodistas unidos no vemos el bautismo como el fin de nuestra fe, sino como el comienzo de algo nuevo. En el bautismo, celebramos la obra de Dios en nuestras vidas y reconocemos la gracia que se nos ha dado en Cristo. Nacemos a una nueva vida como hermanos y hermanas de Cristo, como hijos de Dios. Con esta nueva identidad viene una nueva responsabilidad. Nuestra vida de fe es tan solo el comienzo.

Hay una razón por la que el ministerio de Cristo empezó con su bautismo. Marcó el comienzo y no el fin de la obra que vino a realizar en este mundo. De la misma forma, nuestros propios bautismos tienen el fin de marcar, no el fin sino el comienzo de la obra que Dios quiere que hagamos en este mundo.

Hay unas palabras de la liturgia del bautismo que me tocan profundamente: “¿Aceptas la libertad y el poder que Dios te da para resistir el mal, la injusticia y la opresión en todas las formas en que se presenten?” Muchas veces estás palabras me convencen de pecado porque sé que la respuesta honesta es a menudo que yo realmente no resisto el mal en cualquier forma que se presente. Por el contrario, soy culpable de tomar el camino fácil, el camino más quieto y de menos conflicto. En la escuela secundaria practicaba esgrima. En el equipo había un miembro que estaba en una clase social inferior, aunque ninguno ni siquiera pertenecía a la clase media. Pero incluso dentro de nuestro círculo él era impopular. Lo mejor que puedo decir de mí es que nunca lo critiqué cara a cara. Pero hice un par de chistes a su espalda y nunca lo defendí cuando otros se burlaban de él. Como sea, sé que no logré cumplir mis votos de bautismo de resistir el mal, la injusticia y la opresión.

La parte peligrosa de estos votos está en la frase “en todas las formas”. No se trata de resistir el mal si aparece en una forma conveniente, sino que en todas las formas en que el mal se presente. El boletín de Family Promise comparte una historia que habla de cómo una familia quedó sin hogar y en la miseria en Lake Lillian. La Iglesia Luterana Unida abrió sus puertas para darles albergue por dos noches y después alquilaron una furgoneta para llevarlos a Oklahoma donde tenían familia. Esta iglesia no se detuvo en lo que era fácil o práctico. Vieron una injusticia y trabajaron para corregirla.

Si hubieran golpeado nuestras puertas, ¿habríamos estado listos para ayudar? Quisiera decir que sí, pero me pregunto si nos habríamos estancado en asuntos de presupuesto o cosas prácticas. Me pregunto si habríamos estado demasiado ocupados en nuestras labores. Lo cierto es que todos tenemos momentos en que hacemos lo que deberíamos hacer y nos unimos a Dios para realizar maravillas. Pero hay tiempos en que fracasamos y no resistimos el mal, la injusticia y la opresión cuando nos encontramos con ellos.

Sólo se nos bautiza una vez, pero esto no significa que la gracia de Dios no está presente para ayudarnos cada vez que la necesitemos. Cuando fallamos debemos recordar nuestro bautismo y que Dios nos ama. Quizá no ocurrió en la misma forma dramática en que ocurrió con Jesús cuando los cielos se abrieron y una paloma bajó del cielo, pero cuando somos bautizamos el Espíritu desciende también sobre nosotros y Dios susurra en nuestros corazones: “Este es mi hija o hijo amado en quien tengo complacencia”.

Preguntas para reflexionar:

  1. ¿Cómo te llama Dios para que resistas el mal, la injusticia y la opresión en tu vida?
  2. ¿Alguna vez has fallado en cumplir tus votos bautismales? ?
  3. ¿Has experimentado la continua oferta de la gracia de Dios en tu vida?

Oración:

Dios, tu amor nos limpia todos los días. Nos bendices y cuidas de nosotros y nos haces tuyos. Ayúdanos a encontrar fuerzas para realizar la gran labor que nos has dado. Perdónanos cuando fallamos, y danos el poder para tratar una y otra vez de ser parte de tu obra salvadora en el mundo. Amén.


Este artículo  fue escrito originalmente por en inglés por el Rev. Jeff Ozanne y publicado por la Iglesia Metodista Unida Wilmar. Usado con permiso. Traducción y adaptación por Humberto Casanova. Contaco: [email protected]