Historia

Jinetes de circuito durante el metodismo primitivo

El plan de Juan Wesley buscaba implementar muchos lugares de reunión que él llamó “circuitos”. El sistema requería un grupo de predicadores itinerantes. Un circuito o región estaba compuesto de dos o más congregaciones locales que a veces eran llamadas “sociedades” durante el metodismo primitivo. En el metodismo americano, los circuitos a veces recibían el nombre de “cargos”. El obispo nombraba a un pastor para el cargo. Se esperaba que el pastor visitase cada iglesia del cargo al menos una vez durante el año, y posiblemente que empezase nuevas iglesias también. Al fin del año, los pastores se reunían con el obispo en la “conferencia anual”, donde serían asignados a nuevos cargos. El cargo que sólo tenía una iglesia se llamaba “estación”. Los predicadores que viajaban para cuidar de estas sociedades, iglesias locales y estaciones recibieron el nombre de “jinetes de circuito” o “predicadores de alforja”. Viajaban sin mucho equipaje, pues llevaban sus pertenencias y libros en alforjas. Cabalgando a lo largo y ancho de villas y campos, predicaban a diario en donde fuese posible, sea en una cabaña, tribunal, lugar de reunión o campo abierto. A diferencia de los pastores de las denominaciones establecidas, estos pastores itinerantes se mantenían en constante movimiento. Sus encargos a menudo eran tan amplios que les tomaba de 5 a 6 semanas cubrir el territorio asignado.

En Nuevo México, el hermano Hardwood preguntó cómo debía empezar su labor, y le dijeron: “Toma tu caballo y ve hacia el norte por Fort Union, Cimarron y Red River hasta que te encuentres un metodista que viene hacia aquí… Después ve hacia el oeste y el este hasta que te encuentres con otros predicadores metodistas que vienen hacia aquí. Todo esto será tu tarea… me di cuenta que tenía un campo muy amplio”.

Francis Asbury (1745-1816), el obispo que fundó el metodismo americano, estableció el ritmo a seguir. Viajó 270,000 millas y predicó 16,000 sermones visitando los circuitos. Peter Cartwright (1785-1872) describió cómo era la vida del jinete de circuito. En su autobiografía, escribió: “cuando un predicador metodista siente que Dios lo ha llamado a predicar, en lugar de irse a la universidad o a un instituto bíblico, se monta en su caballo y carga algunas pertenencias, y viaja con su libros siempre a mano, esto es, la Biblia, el Himnario y la Disciplina. Con un texto que nunca se ha desgastado o envejecido, predica a viva voz ‘He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’. Así  avanza en medio de tormentas de viento, granizo, nieve y lluvia; sube por colinas y montañas, viaja por los valles, se mete en pantanos y arroyos crecidos. Se acuesta en la noche, mojado, cansado y hambriento. Sujeta su caballo por las riendas toda la noche o lo ata a una rama. Usa la manta de su silla de montar como cama y sus alforjas como almohada. A menudo, duerme en lugares sucios, come espigas de trigo tostadas como pan, bebe leche cortada como café, come carne de ciervo, oso o pavo salvaje como cena. Esta es la fortuna y pasaje del antiguo predicador metodista”.

El predicador no sólo sufría dificultades físicas, sino que sufría persecución. Freeborn Garrettson (1752-1827) escribió de su experiencia: “Los impíos me persiguieron, me derribaron y me dejaron medio muerto en el camino con mi rostro herido y sangrando, y después me pusieron en la cárcel”. No sorprende que la mayoría de los predicadores muriera al principio de sus carreras. De todos los que murieron hasta el año 1847, más de la mitad tenía menos de treinta años. Muchos estaban demasiado agotados para seguir viajando.

¿Cuánto era su salario? No mucho dinero. El Obispo Asbury habló de su remuneración cuando reclutó a Jesse Lee, diciendo: “Voy a reclutar al hermano Lee. ¿Cuál será su gratificación? Se le dará la gracia aquí y la gloria en el más allá, si permanece fiel.”


Esta es una traducción del artículo publicado originalmente en inglés por la Comisión General de Archivos e Historia.