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El acoso sexual y la mala conducta de los líderes metodistas unidos

Becky Posey Williams, directora de ética y abogacía sexual de la Comisión General sobre el Estado y Rol de la Mujer, Iglesia Metodista Unida 

Aileen Jimenez, gerente, comunicaciones para lideres Hispano/Latinos, Iglesia Metodista Unida
(Entrevista editada por razones de extensión y claridad. Texto final aprobado por la Srta. Williams)

Aileen Jimenez: Cuéntame acerca de tu función en la Comisión General sobre el Estado y Rol de la Mujer (GCSRW, por sus siglas en inglés)?

Becky Posey Williams: La función que cumplo es en un 100% ayudar a la denominación a tener recursos que se centren en la prevención de la mala conducta sexual y en nuestra respuesta cuando se produce el extravío sexual. También tengo el privilegio de servir en una función de abogacía a favor de las víctimas y sobrevivientes. Soy la persona que recibe las llamadas a un número 1-800 que se encuentra en cada página del sitio web sexualethics.org metodista unido, el cual es administrado por GCSRW. Al recibir estas llamadas, estoy en la posición de escuchar la historia de cada persona, ofrecer dirección en cuanto a qué pasos dar y, si es necesario, ser la voz de dicha persona en el proceso con el liderazgo, específicamente con el obispo y superintendente de distrito.

AJ: ¿Cómo defines el acoso sexual? ¿Puedes definir el extravío o mala conducta sexual? ¿Cuál es la diferencia?

BPW: La mala conducta sexual dentro de las relaciones ministeriales tiene que ver con el abuso de poder y con el traicionar una comisión sagrada. La mala conducta sexual es un delito imputable, y hay una continuidad conductual. Incluye el abuso sexual, el acoso sexual y el uso de pornografía.

Acoso sexual: El acoso sexual es una forma de mala conducta que tiene una naturaleza sexual y es definida en el ¶ 161.J (Libro de Disciplina 2016) de los Principios Sociales. Para clarificar más el asunto, se trata de un comportamiento sexual o de género no deseado dentro de una relación pastoral, laboral, ministerial (incluyendo voluntarios), de mentor o colega que es tan severo o agudo que altera las condiciones de empleo o voluntariado o que interfiere razonablemente con el funcionamiento del empleado o voluntario por medio de crear un medio ambiente hostil que puede incluir chistes sexuales no deseados, repetidos avances sexuales, toques, exposición o comentarios que insultan, degradan o explotan sexualmente a cualquier persona dentro de la vida de la iglesia.

AJ: Has hablado de una continuidad conductual en relación al extravío sexual. En tu experiencia, ¿qué hace que los líderes ministeriales crean que está bien continuar con esta conducta?

BPW: Lucho con las palabras “qué hace que la gente crea que está bien actuar así”, y tiemblo de pensar que alguien crea que está bien. Hay gente como líderes ministeriales que tienen poder inherente debido a su posición y función. Algunos no son buenos en cuidar de sí mismos en forma sana. Eligen –y quiero dejar en claro– eligen usar mal su poder para violar los límites e involucrarse en conducta sexual con gente a la que sirven para sus propias necesidades. Se olvidan de que se les ha confiado una comisión sagrada. Se olvidan de que tienen una responsabilidad fiduciaria para actuar siempre en el mejor interés de la gente que sirven.

AJ: ¿Existen diferencias entre las culturas en relación al acoso sexual? ¿Dirías tú que ciertas acciones o comentarios que son inaceptables en algunas culturas podrían ser aceptables en otras?

BPW: ¡Absolutamente! Uno tiene que tener sensibilidad y consideración cultural al responder a cualquier alegato. Algunas culturas se saludan unos a otros con un beso en la mejilla, de modo que una mujer de dicha cultura no lo encontraría ofensivo, pero una mujer de otra cultura podría ofenderse. Me parece que el mensaje principal en este asunto es que se deben considerar las diferencias culturales cuando se abordan diferentes conductas. Sin embargo, si una persona alega una falta, se debe responder con toda seriedad a dicho alegato, y no simplemente decir “bueno, esto es aceptable en esta cultura”, o “siempre se ha actuado así, así que seguiremos haciendo lo mismo”. Yo advertiría de tener cuidado de no quedarnos estancados en un lugar donde decimos “bueno, los besos siempre se han aceptado en esta cultura”.

AJ: Tú has dicho “a cierto nivel, la gente podría no estar consciente de cuán ofensivas son sus acciones”. ¿Cómo fundamentas esta declaración?

BPW: He afirmado que creo que una gran parte de la sutil discriminación, así como del delito imputable del extravío sexual, viene de creencias y actitudes profundamente arraigadas en cuanto a sexo, poder, raza y autoridad. Estas creencias y actitudes están profundamente incrustadas en la forma de pensar. Son parte del carácter de la persona. Creo que algunas veces la gente ni siquiera está consciente de cuán ofensivo es decir que un sexo es superior al otro. Tampoco se dan cuenta de cuán ofensivo es decir que una raza es menos que otra o que ciertas reglas no se aplican a ellos porque están en el poder. ¿Estamos dispuestos, como gente de fe, a ayudarnos a llamarnos a cuentas unos a otros hasta en los más altos niveles en las relaciones que tenemos? En mi opinión, esto tiene que ver con estar en una relación unos con otros que procede de un lugar saturado de integridad, respetando profundamente y honrándonos profundamente unos a otros.

AJ: Con frecuencia escuchamos de situaciones en que clero fue acusado de mala conducto o acoso debido a las dinámicas de poder. Con todo, también hay situaciones en que clero –especialmente clero femenino– es acosado por parroquianos en posiciones de liderazgo. Cuéntanos cómo alcanzar a las víctimas.

BPW: No hay duda de que hay clero sobreviviente –es la palabra que uso– a la mala conducta sexual en la Iglesia Metodista Unida. Una declaración reconociendo la valentía de haberse presentado a contar su historia podría ser de ayuda en una historia como esta. Así como se debe alabar la valentía de sobrevivientes laicos que salieron adelante. Ni el clero ni el laicado tienen por qué tolerar el extravío sexual. Por cierto que COSROW es un recurso disponible para mujeres del clero que se sienten discriminadas, acosadas o abusadas. Hay que dejar muy en claro que no se tolerarán las represalias.

AJ: Cuando el clero u otros líderes de la iglesia son declarados culpables de mala conducta sexual, a menudo se escucha el comentario: “no me sorprende para nada”. Según el informe comprehensivo de la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo del 2015, tres cuartos de los incidentes de mala conducta sexual no son denunciados. ¿Por qué crees que la gente no los están denunciando y que podrías decir para animar a la gente que lo haga?

BPW: En mi experiencia en la iglesia, la razón por la que la gente no hace denuncias es el miedo a no ser creídas, miedo de que sus alegatos no sean tomados en serio y que nada se hará en cuanto al problema. También está el miedo a las represalias y el sentimiento de que hicieron algo malo que provocó lo ocurrido –debe haber sido mi culpa. Otras personas dicen “no quiero hacer una denuncia porque no quiero meter a nadie en problemas. No quiero que esto arruine potencialmente la vida de nadie”. Tenemos que seguir educando a todos en cuanto a nuestro proceso de quejas y animar a la gente a que denuncie la mala conducta sexual.

AJ: A todas las conferencias anuales se les requiere que tengan entrenamientos de ética de la conducta que aborde el acoso y el extravío sexual cada cuatro años. Tú has trabajado para GCOSROW por cinco años. ¿Has visto cambios en los casos denunciados durante este tiempo? ¿Qué ayudó a que hubiera cambio?

BPW: Como resultado del movimiento #MeToo, definitivamente hemos experimentado un incremento de llamadas a nuestra oficina. Otra cosa que debo mencionar es que en los últimos 18 meses, se han incrementado las llamadas de casos de acoso por liderazgo laico. Hemos desarrollado un plan de estudios gratuito llamado “The Way of Integrity”, en el que animamos a que nos relacionemos unos con otros en una manera que nos respetemos profundamente. Además, hemos experimentado un incremento de llamadas de adultos que fueron abusados de niños por los líderes de la iglesia.

AJ: ¿Qué te gustaría que la iglesia en general entendiera acerca del acoso y el extravío sexual cometido por líderes?

BPW: Cuando se violan esos límites y el clero se involucra en conducta sexual ilícita, se quebrantan los fundamentos –sin duda los fundamentos espirituales– de la otra persona. Uso la expresión “violencia espiritual” cuando describo el extravío sexual en la iglesia. Cuando la gente me dice “jamás volveré a la iglesia”, me doy cuenta que se trata de la más grande traición. No sé qué más se podría decir para que esto se convierta en una prioridad en la iglesia.

Recursos:

Este artículo originalmente fue publicado en inglés por Comunicaciones Metodistas Unidas. Traducción por Humberto Casanova. Contacto: [email protected]