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El votar: un acto de oración

Foto de Element5 Digital, Unsplash.
Foto de Element5 Digital, Unsplash.

Votar es una cuestión de fe, ciudadanía y democracia. Es como una oración y fiel testamento a la creencia de que cada ciudadano tiene la responsabilidad y un derecho igualitario de determinar el futuro del gobierno en la sociedad.

Una reflexión personal

Cuando era joven en Carolina del Sur, recuerdo perfectamente la primera elección en la que pude votar. Viviendo a dos horas de mi casa en Greenville, conduje un lunes por la noche desde Winthrop College, donde estudiaba, para poder votar al día siguiente. Esto fue sólo unos pocos años después del 6 de agosto del 1965, cuando el presidente Lyndon Johnson firmó la Ley de Derechos de Voto, que prohibía las prácticas de voto discriminatorias adoptadas en muchos estados después de la Guerra Civil. Los estados del sur habían empleado predominantemente pruebas de alfabetización, impuestos de votación, cláusulas de derechos adquiridos y otros instrumentos para impedir que los afroamericanos votaran.

Como mujer joven del Sur estadounidense, yo no era ajena al racismo que alimentaba estas prácticas ni al difícil trabajo que suponía derrotarlas. Aunque de la lucha nacieron resultados políticos y legislativos históricos, el movimiento de los derechos civiles no comenzó como una revolución legislativa. La aprobación de la Ley de Derechos de Voto siguió a las acciones incansables y audaces de innumerables personas, comunidades y organizaciones que incluyen a muchas iglesias que defendían el derecho al voto.

Recuerdo el sentido de responsabilidad y la conciencia de mi propia dignidad humana al contribuir a la sociedad. Mi familia y la Iglesia Metodista Unida me habían inculcado el valor de hacer un mundo mejor a través del voto. A los 18 años, supe que mis abuelas, mi madre y mis tías nacieron en un mundo en el que no podían votar. Cuando voté por primera vez, otras comunidades acababan de asegurar la realización del sufragio, el derecho a votar en las elecciones políticas. Podríamos saber que la palabra sufragio significa el derecho a votar, pero la segunda definición es digna de mención: el sufragio también significa una serie de oraciones y peticiones de intercesión. El voto es un medio para lograr un cambio, pero también puede ser un acto de oración y fe.

La Rev. Susan Henry-Crowe, secretaria general de la Junta General de
Iglesia y Sociedad. Foto por Mike DuBose. 

Votando en el metodismo unido

El derecho de voto no es simplemente un valor democrático. Es un valor metodista unido. Nuestro Libro de Disciplina considera la participación política como el privilegio y la responsabilidad de los ciudadanos. Afirma explícitamente el derecho al voto como base de la forma y función del gobierno (Párrafo 164). El derecho a la libertad y la responsabilidad hacia Dios y hacia los demás enmarca el derecho al voto como vital para nuestra participación en la sociedad.

Asegurar que todas las personas tengan igual acceso al voto es de suma importancia. La Iglesia Metodista Unida afirma el derecho al voto de cualquier ciudadano adulto como una libertad básica y un derecho humano. Se basa en la dignidad básica y el respeto de todas las personas. El voto puede ser un canal para que las personas de fe influyan en el mundo en el que vivimos.

Clérigos como Joseph Lowery, James Lawson y Anna Howard Shaw, líderes metodistas en movimientos que defienden los derechos civiles, entendieron esto.

La Iglesia Metodista Unida apoya y pide que se aplique la no discriminación en las prácticas de votación. Este derecho es precioso. Los valores cristianos nos enseñan que debemos prevenir las acciones y políticas discriminatorias dirigidas a silenciar a los individuos y a las comunidades. 

Votando hoy: El compromiso cívico

Sin embargo, hoy en día, este derecho de voto no se ha garantizado para todos. En los Estados Unidos surgen amenazas al derecho de voto. Entre ellas está la limitación de las horas de votación, exigiendo documentos costosos, la privación del derecho de voto a los previamente encarcelados, hasta la decisión del Tribunal Supremo de anular el artículo 4b de la Ley de derecho de voto en 2013. Todos ellos antitéticos a las declaraciones de la iglesia y al trabajo histórico de los metodistas unidos.

Nuestra creencia como cristianos y metodistas unidos en la justicia restaurativa nos llama a cuidar a los encarcelados y a los que vuelven a ser parte de la sociedad. Los ciudadanos que regresan tienen derecho a ser vistos, escuchados y a participar en el proceso político; tienen derecho a existir plenamente como parte de la sociedad. El derecho de voto es necesario para la plena restauración.

Porque como cristianos y metodistas unidos creemos en la justicia racial y la no discriminación, estamos comprometidos a asegurar que los afroamericanos, los inmigrantes y otras comunidades minoritarias tengan igual acceso al voto. Hay que poner fin a los ataques a las comunidades minoritarias con leyes de identificación de votantes, intimidación, purga de listas de votantes y otras tácticas. "Todas las personas son creadas iguales" - y esto se extiende a los derechos de voto.

Como cristianos y metodistas unidos creemos en la justicia económica, debemos trabajar para asegurarnos de que todos, especialmente la clase trabajadora, los de las comunidades rurales y del centro de la ciudad, tengan la oportunidad de votar sin importar el acceso al tiempo libre remunerado y la accesibilidad de los lugares de votación.

Emitiendo el voto, transformando el mundo

El día de las elecciones y en el espíritu del sufragio, siempre pronuncio una pequeña oración por mis abuelas y las mujeres de esa época que trabajaron por su derecho al voto, por los líderes de los derechos civiles que persiguieron la oración y el derecho al voto, y por todo el clero, los laicos y otros ciudadanos que están comprometidos en los esfuerzos continuos para preservar este derecho para todos.

La misión de la Iglesia Metodista Unida es hacer discípulos de Jesucristo para la transformación del mundo. Una forma de transformar el mundo es a través de la promulgación de políticas destinadas a fomentar la justicia y la paz. Como personas de fe, nunca debemos dar por sentado el derecho al voto y debemos honrar la memoria de aquellos que lucharon por el sufragio.

Recordemos ambas definiciones de sufragio y continuemos votando en oración a todos los niveles y para todos los cargos para que podamos transformar el mundo.


La Rev. Susan Henry-Crowe es la secretaria general de la Junta General de Iglesia y Sociedad de la Iglesia Metodista Unida. Publicado originalmente en la revista Interpreter Magazine, noviembre-diciembre de 2016. Traducción y adaptación por Pablo A. Sarria-Quezada.